El límite del bien y el mal

En el límite

Camino de Ansiedades

1981

Tenía 20 años y un montón de sueños por realizar. Entonces decidí abandonar el nido familiar y volar por mí misma.

Con el tiempo he comprendido que no me hallaba preparada. Mis padres me habían sobreprotegido, manteniéndome en una esfera, y no conocía "La calle". Yo creía, hasta hace muy poco lo he seguido pensando, que en el fondo todo el mundo es bueno, que los roces que se dan entre las personas son motivados por errores comunicativos. Partiendo de ese principio cada vez que tenía un problema pretendía resolverlo hablando, y cuando mi antagonista se resistía a comprender mis razones, pensaba que era yo quien no sabía comprender las suyas. Educada en un ambiente de cuento de hada no suponía que pudiesen existir seres que se complaciesen en hacer daño. Aún hoy me cuesta asumir que haya personas con malas entrañas, pero la vida me ha demostrado cruelmente mi error.

Aún me sentía adolescente y la vida me sonreía. Entré en la plantilla de una empresa de prestigio internacional y mantenía relaciones con un hombre que me doblaba la edad pero al que admiraba mucho por su lucha política y sus principios. Me sentía feliz y tenía ganas de comerme el mundo.

Conocí a Miguel ese año. Era un compañero de trabajo en el que nunca me hubiese fijado de no ser porque una amiga me lo sentó al lado en el comedor de empresa. No le hice caso, no era mi tipo. Días después esta "amiga", que estaba encaprichada con otro compañero, me pidió el favor de que acudiera a una cita entre cuatro para lograr su propósito. La ingenua que os escribe se lo creyó y aceptó.

Madrid estaba muy aburrido, era agosto, y José Luis no paraba de viajar, por motivos de trabajo y la situación me envenenaba. No tenía intenciones de nada, salvo pasar una tarde entretenida, sin más pretensiones.

Hacía un sol pastoso y Miguel propuso tomarnos unas copas en su casa donde tenía muy buena música y pasaríamos menos calor. Luego, al llegar las sombras, podríamos ir a cenar como fin de fiesta. Me lo creí, no podía imaginar entonces que todo era un montaje.

Las horas fueron pasando en agradable conversación. Ayudaba la música y algunas copas que nunca se llegaban a vaciar. Pilar acabó beoda pero logrando su objetivo de conocer íntimamente al amigo de Miguel en su alcoba. Cuando cayó la noche no me sentí en condiciones de regresar y acepté dormir allí. Fue la primera borrachera de mi vida.

De repente me vi en la cama, con alguien a quien acababa de conocer. Era la segunda vez en mi vida que lo hacía y por la mañana sentí una resaca desagradable.

Fuimos a trabajar y pretendí olvidar aquel incidente. Aunque nos hallábamos en la misma planta no le saludaba al pasar delante de su mesa. Intenté por todos los medios contactar con José Luis para explicarle lo que había pasado, pero fue inútil.

Pasaron dos semanas sin que yo quisiera saber nada de Miguel. Una mañana se acercó a mi mesa y me regaló un disco de Miguel Ríos, el single de "Santa Lucía", adjuntando una mariposa de tela y unos versos suyos. Tras el almuerzo volvimos a su casa donde, tras una velada de música y alcohol, acabamos repitiéndolo.

Esos fueron nuestros inicios. Miguel era un hombre muy agradable de conversación y me halagaba constantemente. Desde aquel día no nos separamos más y me enamoré.

En esos días decido independizarme de mi familia y vivir sola. Pero Miguel decidió venirse conmigo, no me gustaba la idea pero no me dió alternativa, se instaló. Poco a poco mis amigos fueron desapareciendo y me encontré sola, incluso Pilar me rehuía tras un incidente en un ascensor que nunca se desveló totalmente. Entonces no comprendí que Miguel me estaba aislando.

El decidió el barrio de residencia e incluso eligió nuestros nuevos amigos, los suyos de toda la vida. Sin darme cuenta me hallaba dentro de la tela de la araña, sin posibilidad de escape.

A los pocos días de comenzar nuestra convivencia descubro que no somos compatibles, pero pienso que es cuestión de tiempo y creo que la juventud todo lo puede. Por otro lado ya no tenía salida. Mi familia se había enfadado conmigo al separarme de ellos y no tenía a quien recurrir. Dependía para todo de un hombre al que apenas conocía y que no colaboraba en la casa para nada.

El piso siempre se hallaba lleno de sus amigos y en esas condiciones plantearle los problemas que veía entre nosotros era imposible.

Un día vino mi suegra. Habló en privado con su hijo que iba a convocar una reunión familiar pues quería vender a sus hijos la herencia familiar. Su difunto marido había dejado cuatro pisos, para sus cuatro hijos, y ella quería venderles su patrimonio. En el piso que nos "regalaba" se hallaba instalado un hermano de Miguel que la molestaba porque no le pagaba alquiler.

En aquella asamblea de madre e hijos, donde se le prohibió el acceso a las mujeres de los mismos por decreto divino, Miguel se comprometió a comprar el piso permitiendo a su hermano la estancia en el mismo hasta que encontrase un nuevo hogar. Y decidió comprarlo con mi sueldo, dado que el suyo estaba destinado a compromisos menos materiales y más espiritosos, y ponerlo a su nombre, claro.

Fue nuestra primera bronca. Me trataron con mucha prepotencia, incluso la santa señora llegó a decidir cuánto iba a pagar yo mensualmente por dicho piso. Nadie me pidió opinión para nada y de repente me di cuenta de que me encontraba viviendo en un apartamento de mierda con un hombre que me ignoraba durante el día y para el que lo que yo pensase carecía de interés.

Era la época de la movida madrilela y algunos amigos se dedicaban a grabar conciertos. Así surgió la idea de montar la Suizydio. Cinco socios formados por dos parejas y Gerardo. Mi misión era grabar los conciertos, introduciendo en ellos un computone. Según Miguel no era conveniente que yo fuese socio de la Suizydio, asumiendo él mi parte. Teníamos incluso un puesto en el Rastro madrileño donde vendíamos gran cantidad de grabaciones y camisetas serigrafiadas con tal éxito que podíamos enviar a Manolo a Londres en busca de los temas musicales de moda.

Días felices en que me podía permitir ciertos lujos. Lo que no supe en aquellos momentos es que la mayor parte de los beneficios se invertían en drogas y alcohol.

Se viajaba constantemente y creía que a Miguel le interesaba esta actividad para pasar más tiempo fuera de casa. Este alejamiento ayudaba a suavizar una convivencia que empezaba a resultar muy forzada. Pero las anfetas y el polvo blanco impusieron su criterio y el entusiasmo y Manolo se evaporaron.

Volvieron las largas veladas a casa. Todos los amigos de Miguel tenían los mismos problemas y empecé a preocuparme por la forma en que había alejado a mis propios amigos. En aquel ambiente de vicio yo era una extraña que no quería dejarse caer por el precipicio. Yo era el "bicho raro" que no bebía ni me drogaba.

Miguel me repetía constantemente que yo era una mujer acomplejada y que no sabía integrarme socialmente y llegué a creérmelo.

Algunas veces hablábamos de matrimonio, pero Miguel se oponía y tonteaba con una antigua novia en mi propia casa. Ella era una zorrona que coqueteaba y engañaba a todos. El no entendía mis enfados y me reprochaba mi actitud tildándola de egoísta. Aquella mujer parecía disfrutar rompiendo parejas. En cierta ocasión abortó, con dinero mío que le dio Miguel, en Londres. A su regreso corrió a contárselo a la mujer del padre.
Un día la hallé cerca de mi casa hablando mal de mí y le di un guantazo. Reaccionó con insultos, la cogí de los pelos y por cada uno le devolví una hostia. Nunca he sido tan violenta pero desapareció de mi vida y dejó de provocarme y ridiculizarme en mi propia casa

Lo nuestro no funcionaba. Yo me sentía muy decepcionada pero no sabía cómo acabar con aquello. Miguel era muy amable cuando quería, pero cuando bebía cambiaba el chip y se convertía en un demonio. Entonces me martilleaba con sus obsesiones y me lo criticaba todo. Se pasaba largas horas analizando cada gesto, cada palabra, todo lo que había hecho durante el día. Lo analizaba en profundidad hallando siempre defectos en mi comportamiento. Me agobiaba hasta tal punto que le suplicaba que se fuera y me dejase en paz, pero él nunca se iba, gozaba riéndose del daño que hacía.

Estaba claro que nuestra relación tenía los días contados... pero me quedé embarazada.

A los cinco años de convivir juntos me hallé entre la espada y la pared, teniendo que decidir si me convertía en madre soltera o seguía intentando que aquello funcionase.

Y cometí el segundo gran error. Pensé en mis padres, una pareja curiosa que se amaban con delirio. El comenzó a trabajar a los 50 años, mi madre era quien tiraba de la casa. Nuestra vida matrimonial era muy parecida. Yo ganaba más dinero puesto que echaba más horas extras y soportaba los gastos cotidianos. Miguel salía a mediodía y se reservaba su sueldo, para el caso de que se presentara una emergencia, según me decía.

Yo soñé que un hijo le haría sentar la cabeza y cambiaría, como cambió mi padre un día. Y esperaba que con un poco de paciencia me quisiera con la misma pasión y ternura que yo veía entre mis padres. Pensaba que era cuestión de tiempo. Y deseaba, necesitaba, un hombre que me quisiera tan intensamente como mis padres se querían.

¡Quizás con un hijo Miguel cambiase, todo era posible! Porque tendría que dedicar más tiempo a su hijo y menos a la botella y a los amigotes. Eso, al menos, soñaba porque sentía por él un amor platónico que minimizaba todos sus defectos. Sabía que las cosas iban mal, pero creía que era por culpa mía, porque no sabía adaptarme a la vida de casada, porque no era como las demás que compartían borrachera con sus parejas. Yo era demasiado estirada, demasiado pija para un hombre normal como Miguel. Era culpa mía que lo nuestro no funcionase, porque él era siempre "el rey del Mambo" en las reuniones. Mis padres me habían dado una educación, pero no me habían enseñado a comportarme en sociedad.

Puede que ese hijo diese un giro a nuestras vidas. Eso creía, o quería creer... Seguro que al final Miguel cambiaba y yo me adaptaba a la vida social. Seguro...

Quizás con un hijo Miguel cambiase... Necesitaba creerlo porque me había alejado de mi familia y no sabía dónde ir ni a quien recurrir.

Quizás...

- Isabel, ¿quieres por esposo a Miguel?

(¡Dios mío, ayúdame, no sé lo que quiero! Supongo que le quiero, aunque no veo en nuestra relación la ternura que existe entre mis padres...pero...)

- Isabel, ¿quieres por esposo a Miguel?

- Sí.

(Hay tantas cosas que no funcionan, pero son culpa mía, no estoy preparada para la convivencia, será cuestión de hacer un esfuerzo común. Mis padres están siempre peleado, pero no puede vivir separados, se aman con locura... como yo quiero amar. Y él cambió, como espero que cambie Miguel cuando conozca al hijo que se me mueve en las entrañas.).

- Yo os declaro marido y mujer hasta que la muerte os separe.

(Es todo tan extraño, ¿por qué dudo? Es el día de mi boda, debería estar muy contenta pero siento que algo no va bien... ¿es que no me puedo concentrar en ser una esposa como las demás? ¿Siempre tengo que andar cuestionándolo todo?)

- ¡Vivan los nooovios! ¡Viiivan los novios!

(¡Dios mío, ¿dónde estás? ¿Por qué no me respondes? La suerte está echada y tengo tanto miedo a haberme equivocado. Necesito un poco de ayuda.)

- ¡Un poco de silencio, por favor! Pido a los asistentes un brindis por los novios!

(¡Qué raro me resulta todo! ¡ Y qué rara es la familia de Miguel! Ni un sólo regalo han traído. Sólo saben exigir, hemos tenido que recogerlos en el aeropuerto, trasladarlos a todas partes en coche, alojarlos. Si no fuera por lo que es se enterarían. Siempre exigiendo.)

- ¡Un mo...mentito, jo...der! ¡Yo pido o...tro brindis pooor losss no...vios!

(Ha sido tan rápido que no me ha dado tiempo a pensar lo que quisiera. Llevo cinco años viviendo con Miguel y las cosas nunca han ido bien. A él le gustan demasiado sus juergas y beber en compañía de sus amigotes. Y yo quiero tener una vida tranquila, sin drogas pero asumiendo responsabilidades. No puede ser que yo mantenga la casa con mi salario y él siempre algo en que gastar el suyo. Estoy harta de que me lo reproche todo, si no le gusta mi forma de pensar, ¿por qué no se va a otro sitio a vivir?... Estoy cansada de estar sola en casa esperando que vuelva de sus tertulias, casi siempre de mal genio... ¿Qué hago yo aquí, casándome con un hombre con el que no me llevo bien?... ¿Y si no cambia? ¿Y si mi vida se transforma en un infierno?)

- Hija, tienes cara de cansada, tómate una copita y sonríe que es tu día.

- No, gracias, papá, ya sabes que no bebo. Nunca más.

- Pero, sonríe, niña, que me estás preocupando... Con la alegría que me has dado al dar este paso. Me quemaba por dentro que vivieras con un hombre sin casarte. Ha sido una alegría inmensa...

- Lo sé, papá. Por eso lo he hecho...

(Mientras el humo y la alegría difuminaban la escena, recordé cómo había sucedido todo, cómo había llegado a aquella situación:

Estaba buscando piso para irme, no aguantaba más las destemplanzas de Miguel, cuando quedé embarazada. Algunas de las amigas que conocía, al hallarse en esta situación, habían abortado; pero yo decidí ser madre.

Me sentía sola, pero mi hijo tendría una madre que lucharía por él y le daría todo el cariño que yo fuese capaz de dar. Decidí dar un futuro a mi hijo, aunque fuese como madre soltera.

Fueron días muy bonitos, soñando en que mi mundo cambiaría en pocos meses. Asumía mi maternidad, aunque lo hiciese sola. Comencé a hacer planes, alquilaría algún apartamento económico o volvería a casa de mis padres, tendría que esperar para comprar la ropa a conocer su sexo, le llevaría a los parques de Madrid, le enseñaría la cuesta de Moyano por donde mi padre había paseado conmigo tantas veces cuando era pequeña, sería mi hijo y yo su madre.

Dudé varios días en decírselo o no a Miguel, pero pensé que tarde o temprano se enteraría. Irme a otro piso no le escondería la realidad de que iba a ser padre, aunque su irresponsable comportamiento me despertaba muchas dudas. Se lo diría aunque ni esperaba ni deseaba nada de él, yo tenía un buen trabajo y podía ser independiente.

Entonces decidí contárselo a mis padres. Iba a ir por la tarde a revelarles que les convertía en abuelos y a pedirles un techo para mí. Mi relación con Miguel andaba muy mal y no tenía sentido prolongarla.

Miguel notó que algo pasaba y se lo dije. Se marchó sin decir palabra. Poco después marché a casa de mis padres. Para mi sorpresa Miguel se me había adelantado y les había hablado sobre mi estado. Pero lo realmente sorprendente es que les había dicho que nos íbamos a casar y mis padres estaban muy contentos.

Recuerdo el rostro de mi padre, transformado en una abierta sonrisa porque llevaba muy mal que conviviera bajo el mismo techo con alguien sin estar casados. Quise decirle lo que me bullía por dentro, que quería volver a casa tan solo con mi hijo... pero no pude. Cuantas veces lo intenté la alegría exteriozada me lo impedía... No pude, Dios mío, ¿dónde estabas?

Miguel prometió cambiar y yo quise creerle. Necesitaba creerle porque comenzaba a no asumir la realidad en que vivía.

Y cambió. Comenzó a presumir de mí ante sus amistades, a presentarme a sus jefes, a integrarme en su círculo de amistades y a tratarme con un mínimo de respeto.

Suspiré... el mundo comenzaba a moverse. Los fantasmas que me atenazaban se iban evaporando.

Lo que no capté, entonces, es que cada vez que me convertía en el centro de una conversación él se sentía desplazado, porque en su universo sólo hay un centro. Sin pretenderlo alimentaba su odio, su envidia.

Cuando veía sus ojos cargados de fuego o las venas brotar de su cuello pensaba que se sentía orgulloso de mí, ¡pobre ilusa!

Yo creía que todo el mundo es bueno, que en el fondo todo el mundo es bueno, que nadie hace nada malo queriendo, que el problema entre las personas surge de la comunicación... Y, por eso, hablaba y hablaba con Miguel, pretendiendo convencerle, ¡pobre ilusa! Mientras yo intentaba comprenderle, él buscaba la forma de reprocharme lo que hacía.

Pero la relación iba un poco mejor. No demasiado, pero algo era algo. Puede que cuando fuese padre abandonase sus juergas y colaborase en mantener la familia... puede.)

- Vi...van los no...vios!

¡Elí, Elí, lamma sabactana!
Anotación por Nada Jon a las 16:37:10 | Comentarios (0)
Guardado en la categoría General | Referencias (0)

La Mano Negra

En 1883 se celebró en Jerez de la Frontera el primer proceso de nuestra historia en que se aplicó el Código Penal. Como resultado los acusados fueron ejecutados a garrote vil, en la plaza del Mercado, públicamente.

Se les acusó de haber asesinado a Bartolomé Gago Campos "el Blanco de Benaocaz" cerca del cortijo La Parrilla en la barriada rural de San José del Valle. Pero sobre todo de pertenecer a "La Mano Negra", sociedad secreta de jornaleros con carácter terrorista. Casualmente el juicio se celebró al mismo tiempo que una huelga general del campo jerezano. A pesar de no haber ninguna prueba del "supuesto" asesinato (ni siquiera se halló el cuerpo) fueron ejecutados.


En 1883 vivían en la comarca de Jerez 60.000 personas, casi todas jornaleros. La dependencia del trabajo rural es tal que dos años de sequía producen manifestaciones frente al ayuntamiento, robos, mendicidad, hambre...

Según José León Ortega. "los más débiles, como mujeres, ancianos y niños salían por esos campos en busca de hierba para alimentarse, que no encontraban porque a los animales les pasaba lo mismo".

Los jornaleros son alojados en cuadras, comienzan a segar sin haber ajustado precios. Comen cuatro veces al día (pan cocido con agua, un ajo, un puñado de sal y un poco de aceite de desayuno; almuerzo gazpacho de vinagre y sopa de vinagre de cena. Todo con poco aceite porque el burgués les da una sola panilla por aranzada.

Al terminar el destajo el agrimensor mide la faena. Si no están conformes con la medición mide otro agrimensor (que aún saca menos aranzadas de faena). Con lo que les quieran dar tienen que sobrevivir hasta la próxima cosecha.

En esos años la corriente libertaria llega a España y entre tanta explotación cuajan los principios que se oponen a las jefaturas.
En la comarca jerezana surge la organizació sindical FTRE (Federación de trabajdaores de la región española) que celebra su congreso en Sevilla en 1882. Reivindican 9 horas máximas diarias de trabajo, 4 reales dairios y nada de destajos.

En 1883 hay una gran cosecha por lo que los trabajadores deciden imponer sus reivindicaciones con una huelga. El mismo año se sublevan las guarniciones de Badajoz, Santo Domingo de la Calzada, Seo de Urgel, etcétera. Por orden de Cánovas se sofocan con dureza, fusilándose a los líderes.
El 26 de mayo de 1883 50 jornaleros se niegan a trabajar si no se aceptan sus reivindicaciones. La policía rural les expulsa del cortijo, pero toda la comarca les secunda y se declara la huelga agraria.

Ante la convocatoria de huelga en el campo los caciques jerezanos contratan a Frasquito de la Torre, cuñado de José María el Tempranillo, quien con otros 11 bandoleros impone el terror en la comarca.

Los corresponsales, como Leopoldo Alas, escirben dramáticas crónicas instigando a aplastar a las sociedades secretas revolucionarias, de carácter anarquistas, que estaban sembrando el campo jerezano de ideas libertarias.

Los terratenientes traen a 10.000 portugueses como esquiroles, pero éstos no se atrevieron a iniciar el trabajo por miedo a represalias.

El 5 de junio, primer día oficial de la huelga, se inicia el primer proceso de los de "La Mano Negra", por el supuesto crimen de la Parrilla. El día 8 el alcalde ordena a los jornaleros a volver al campo con las condiciones que quieran los terratenientes, pero el campo no cedió.

El Capitán General de Andalucía, Camilo Polavieja, procedente de Filipinas donde ha sofocado el independentismo, envía al ejército a la campiña para detener a todos los que muestren ideas sindicalistas bajo la acusación de revolucionarios y las tropas recogen la cosecha. Los terratenientes tratan al ejército como no querían a los jornaleros, convirtiendo la cosecha en la más cara de la historia de Jerez.

Polavieja ordena, en caso de incendio en el término rural, detener a todos los jornaleros que se encuentren cerca o, en su defecto, a la Junta local de la Asociación de Trabajadores. Al mismo tiempo las autoridades contratan a incendiarios y delincuentes para poder culpar a los sindicalistas de inumerables tropelías. El comandante Pérez de Monforte ordena a la policía quemar los campos y talar las cepas para detener a los jornaleros huelguistas. Se crea la leyenda negra del campo andaluz.

Este jefe de la policía rural ya había planteado en 1878 que había que dar un escarmiento a los jornaleros, ideando achacar a las asociaciones de trabajadores con una supuesa sociedad secreta de carácter terrorista, pero no tenía pruebas.
En 1883 vió en una pared unas manos oscuras (posiblemente de alguien que se las limpió) y volvió a sacar su plan, que esta vez fue aceptado. El nombre evocaba una banda de criminales (Band Noire) franceses. La prueba, la presunta aparición de un reglamento del presunto grupo secreto, lleno de contradicciones y con una retórica no adecuada para ser entendible por los jornaleros.

Es destinado a Jerez el capitán de la Guardia Civil José Oliver el Contramano, con 100 guardias seleccionadas por él mismo entre los más violentos del cuerpo. Llega más ejército y se amplía la plantilla de la guardia municipal. Son detenidos en Andalucía miles de personas, todos los que en los archivos figuran como sindicalistas, aunque los sindicatos sean legales. Bastaba como prueba criminal el haber leído la Revista Social, que en el resto de España era absolutamente pública.

Se nombra como juez especial a Mariano del Pozo y como Fiscal a Pascual Doménech.

Conforme crece la leyenda negra sobre las tropelías cometidas en el campo (cometidas por la propia policía rural o por las bandas de delincuentes contratados por las autoridades) los sindicatos nacionales se desmarcan del asunto. Incluso la FTRE niega toda vinculación con los miles de detenidos.

Se buscan motivos para procesar a los detenidos. En marzo se detiene a 4 jornaleros acusados de matar a un hombre que se había ahogado en el río un año antes. Así se "colocan" hasta 14 asesinatos, pero no se pudo establecer relación con el movimiento sindicalista.


EL Crimen de la Venta del Empalme
El 2 de abril dos camineros hallan degollado al ventero Antonio Vázquez. Es detenido cerca a Diego Maestre, borraco, que torturado implica a sus amigos Antonio Roldán, Fco. Prieto y José Jiménez. Son acusados de asesinato y de robar 3 monedas de cobre, 3 barriles de vino, unos calzones y unos calzoncillos, en total menos de un duro.

Nunca se pudo probar nada, pero fueron condenados en sólo dos días a muerte. Conmutada la pena a cadena perpétua al aparecer un manifiesto amenazando quemar la ciudad si eran ejecutados. Según Maestre, líder socialista, todo fue un montaje.


El Crimen de Arcos
Cristóbal Durán y Joaquín Campos son acusados de la muerte de Fernando Olivera, muerto de peritonitis un año antes. Se afirma que le ejecutaron por negarse a integrarse en La Mano Negra. Como Joaquín tiene coartada es liberado y se detiene en su lugar a Antonio Domínguez.

Se les tortura por separado tanto a ellos como a sus familiares. Se busca el cadáver en la fosa común pero no se encuentra.
El juicio duró dos días, Cristóbal es condenado a cadena perpétua, Jaime a 14 años. Condenados por ser supuestamente miembros de la sociedad secreta La Mano Negra.


El Crimen de los Venteros Núñez
En diciembre de 1882 aparecen en la venta de Juan Núñez los cadáveres del ventero, de su mujer y de un individuo: Como en el sombreto de éste se halla una Revista Social se declara como prueba que el asesinato ha sido ordenado por La Mano Negra.

El día siguiente es detenido Juan Galán, vecino de los venteros, porque tenía una herida en la mano.

El principal testigo de la acusación era un deficiente mental, criado en la venta que dijo "haberlo visto todo aunque no había luz".

Ante sus contradicciones se permite declarar al hijo de 4 años de la víctima, aunque la ley prohibía testigos de tan corta edad. El niño afirmó que el asesino era un hombre rubio, por lo que se solicita la puesta en libertad de Galán, que era moreno.
Aunque no hay pruebas se le condena a dos penas de muertel, abandonando el proceso su abogado defensor.

Se solicita el indulto ante la falta de pruebas pero es ejecutado a garrote vil el 19 de abril de 1884 en la plaza del Mercado.


Pero ninguno de estos procesos consigue amedrentar a los huelgusitas, ni demostrar que los sindicalistas eran unos asesinos. Hasta que actuaron los represores enviados a Jerez para dar un escarmiento a los jornaleros andaluces. Dirigieron el juicio que ha alcanzado mayor resonancia, el Crimen de la Parrilla con tal "éxito" que consagraron la leyenda de que los jornaleros se asociaban en grupos secretos destinados a destruir las propiedades de los terratenientes y a aplicar el terror en el campo.

En el 2004 se celebró la I Exposición Mundial sobre La Mano Negra, dentro de unas Jornadas históricas sobre aquellos hechos. Resulta curioso recordar que cuando en algún bar de San José del Valle (cuna de los encausados por el Crimen de la Parrilla) se mencionaba "La Mano Negra" todo el mundo callaba y miraba hacia el suelo con tristeza. Ha sido mucho miedo, mucha represión justificada para eliminar a supuestos grupos secretos de delincuentes. En los pueblos andaluces de la comarca de Jerez se vive aún el miedo. A las cañadas, llenas de casas y chabolas de jornaleros, aún no ha llegado el siglo XX. Ahí todavía el alcalde se cuadra ante la Guardia Civil y los derechos humanos "paparruchas" que el maestro enseña a sus alumnos.

En esos pequeños pueblecitos los derechos y libertades se abren camino con dificultades. Viven sometidos a las decisiones de los terratenientes, o de la Unión Europea, aunque sólo sea porque carecen de un trabajo fijo y comen si el cacique de turno lo permite. El día que se destierre el paro de Andalucía sus estructuras feudales saltarán por el aire, quizás por ello no se industrializa la región más fértil de España y se prefiere envasar sus materias primas en el norte peninsular.

Pero algún día se cumplirá el sueño de los jornaleros andaluces y su grito de libertad: !La tierra para quien la trabaja!

En 1884 se celebraron una serie de juicios contra jornaleros de la campiña jerezana, acusados de pertenecer a una sociedad secreta ("La Mano Negra") a la que se atribuían los más horrendos crímenes.

Casualmente estos procesos coincidieron con una huelga general agraria donde el campo reivindicaba una jornada de 9 horas diarias y un salario mínimo.

Casualmente también el nombre de la presunta sociedad secreta lo difundió Oliver, capitán de la Guardia Civil, que años antes había propuesto a Madrid detener a los sindicalistas bajo la acusación de pertenecer a una banda de delincuentes.

Casualmente el juez instructor y el fiscal enviados a dirigir este juicio aplicaron el Código Penal, por vez primera en la historia de España, y condenaron a los procesados a garrote vil.

Casualmente la única prueba que se presentó fue un supuesto Reglamento de la Mano negra, encontrado por el propio Oliver. Normas escritas que, dado el alto índice de analfabetismo existente, carecía de sentido.

Fueron condenados, no por su pertenencia a la presunta La Mano Negra, sino por el asesinato de "el Blanco de Benaocaz", cuyo cadáver nunca se encontró. Casualmente se condenaron a siete personas por haber asesinado con una sola escopeta, no existiendo gradualidad entre asesino y cómplice, sino que todos fueron condenados como homicidas en primer grado.

Muchas casualidades de un proceso que creó la leyenda negra del campo andaluz, y que justificó la más intensa represión por toda Andalucía (más de 10.000 detenidos). Pero lo que aún no ha quedado totalmente clarificado es si aquel grupo de jornaleros de San José del Valle (hoy municipio, entonces barriada rural de Jerez de la Frontera) fueron cabezas de turco para amedrentar a los huelguistas o eran realmente unos fascinerosos. Juzga como quieras, estos son los hechos.

El 29 de enero de 1883 son detenidos más de 600 jornaleros en San José del Valle bajo la acusación de haber asesinado a Bartolomé Gago Campos "el Blanco de Benaocaz" en las cercanías del cortijo La Parrilla.
En el propio cortijo la guardia civil a los trabajadores del cortijo que se habían destacado como sindicalistas les encierra en la planta baja y les tortura. Al no obtener la confesión que querían les amenazan con someter al tercer grado también a sus mujeres e hijos, con lo que los jornaleros se declaran culpable del asesinato.
Este cortijo aún está en pie, aunque ahora no se dedica a actividades agrarias sino a alojamiento rural. Decorado con el mobiliario del siglo XIX es frecuentado por grupos de ingleses que buscan pasar algunos días en un ambiente romántico. Si pasáis por sus cercanías os recomiendo que lo visitéis, su dueño es una persona muy amable y os enseñará personalmente las dependencias de este inmenso cortijo.

Allí, en la planta baja, el suelo de terrazo absorbe la sangre de los interrogados: Pedro Corbacho, Francisco Corbacho, Juan Ruíz, Roque Vázquez, Bartolomé Gago Santos, Manuel Gago santos, Gonzalo Benítez, Rafael Jiménez, Gregorio Sánchez, Salvador Moreno, Agustín Martínez, Antonio Valero, Cayetano de la Cruz, José León, José Fernández Barrios y Juan Cabezas.

Acto seguido les llevan a pie hasta el penal de Jerez de la Frontera, a 60 kilómetros.

El 4 de febrero aparece un cadáver que es levantado sin orden del juez y los forenses informan que no es posible identificarle por su avanzado estado de descomposición (algo imposible dado que el Blanco había sido asesinado el 4 de diciembre). Yo he estado en el paraje donde se dice que se halló el presunto cadáver. Curiosamente es una zanja de terreno rocoso, donde para enterrar a alguien habría que usar dinamita, uno de los pocos sitios en el término de San José donde ningún lugareño intentaría enterrar un cuerpo. A pocos metros se levanta un pequeño cortijo, que ya existía en dicha época. Resulta muy raro proceder a enterrar un cadáver en la puerta de un cortijo habitado (así me lo aseguraron en el propio cortijo), y más aún en un municipio que está en plena campiña, rodeado de parajes solitarios. Por último nada se sabe del cadáver desenterrado, ni siquiera consta en los archivos que fuese enterrado en el cementerio local. Por lo que es factible suponer que jamás se halló ningún cadáver.

Pero aunque el presunto cadáver no fue identificado, el juez dió por bueno que era el del Blanco.

El día 5 de junio, coincidiendo con la huelga general, comienza el juicio de La Mano Negra. La única prueba real el supuesto Reglamento de la sociedad secreta, hallado en unas ruinas en 1878. Se presentan tres copias del mismo escrito y éstas no coinciden entre sí.

El juicio dura tres días y, aunque no hay ninguna prueba del presunto asesinato, se condena a muerte a 7 de ellos y al resto de detenidos a 17 años de cárcel. Fiscal y abogados defensores recurren la sentencia y el Tribunal Supremo el día 5 de abril amplía la condena de muerte de 7 a 15 encausados.
Ante el escándalo que tal atrocidad desató, el Consejo de Ministros reduce las penas a 7 ejecuciones y el resto a cadena perpetua. El Rey se negó a firmar las penas de muerte pero fueron ajusticiados el 14 de junio en la plaza del Mercado a garrote vil.
Un día después los jornaleros, apaleados, torturados, amenazados y asustados, vuelven a su trabajo abandonando la huelga general. En esas fechas todos los que se habían destacado ya están en la cárcel bajo la acusación de pertenecer a La Mano Negra.

En los autos se afirma que Pedro Corbacho era el jefe de una asociación secreta en La Parrilla, lo que era verdad porque los procesados formaban un pequeño grupo sindicalista, unidos en defensa de sus derechos laborales. Incluso destinaban una parte de su salario para una caja común, con la que socorrían a viudas, huérfanos y parados en la medida de sus posibilidades. Esa Seguridad Social casera fue uno de los argumentos que más fue utilizado en su contra como prueba de que eran una banda de delincuentes, puesto que reunían dinero para sus felonías.

Se afirma que Pedro Corbacho le debía 53 duros a Bartolomé Gago Campos y para no pagarle planeó su muerte. Pero también se dice que planeó su muerte porque había violado a una sobrina suya. Y asimismo que planeó su muerte porque era Bartolomé era un borracho pendenciero que pegaba a sus propios padres. Y finalmente que planeó su muerte porque iba a denunciar la sociedad secreta a la guardia civil.

Se afirma que encargó la muerte a Bartolomé Gago Santos que envió a Cristóbal Fernández y Manuel Fernández a entretener al Blanco en la Venta del Pollo mientras los demás preparaban una emboscada en el arroyo de la Plantera.

Se afirma que al llegar al sitio los hermanos Fernández deciden adelantarse a sus compañeros y le disparan un tiro por la espalda. Gregorio Sánchez, para evitar que siguiera gritando, le degolló.

Momentos antes de la ejecución Juan Ruíz se suicidó, por lo que se colocó en su lugar a Cayetano de la Cruz. José León logró esquivar la muerte haciéndose pasar por loco, siendo encerrado en el Penal del Puerto donde enloqueció por las palizas que recibió.

Los demás detenidos fueron distribuidos por los penales provinciales y africanos y los más conflictivos a una isla del Pacífico, de donde no volvió nadie. Un barco francés que pasó, algunos años después, por dicha isla-presidio dejó escrito en el diario de su capitán que la isla estaba vacía, por lo que es factible suponer que ni siquiera llegaron a dicha isla, sino que les arrojaron al mar en cuanto llegaron a mar abierto. Los supervivientes comenzaron a ser excarcelados en 1902.

El 30 de noviembre la Guardia Civil regresó a sus cuarteles, no quedaba nadie por detener. Se había hecho la paz de los muertos. Todos los participantes en estos hechos fueron ascendidos, el capitán Oliver es nombrado coronel del ejército. Se hizo el silencio en el campo jerezano, sembrando la leyenda de La Mano Negra, grupo de delincuentes que quemaban campos, talaban cepas, torturaban animales, incendiaban cortijos y asesinaban "señoritos". A partir de entonces toda idea reivindicativa fue catalogada de "terrorista" y su autor encarcelado y perseguido.

"Todos tenemos miedo y, en el fondo, todos los miedos son un único miedo: el miedo de la muerte. No tenemos paz ni cordura. Intentamos anular el único acontecimiento absolutamente cierto esforzándonos por no hablar de él. Nuestra civilización destierra la muerte de nuestros pensamientos diarios polarizados sistemáticamente hacia el bienestar temporal." (Pepe Pantoja, una semana antes de su fallecimiento).



Tras la represión desatada por las autoridades (véanse opiniones I y II; si se quiere, claro) el campo andaluz quedó en silencio. Un hondo y pesimista silencio tan sólo quebrado por los gritos que procedían de los calabozos de la Guardia Civil, donde morían todos los sueños de libertad.

Los años pasaron y nació la leyenda. En los corros de las plazas, llenas de jornaleros desempleados, en voz muy baja, se contaban sangrientas historias de una banda de campesinos conocidos como La Mano Negra que asaltaban cortijos, mataban el ganado, talaban las cepas, colgaban señoritos, violaban a las hijas de los capataces, etc.

Tales barbaridades, que nunca pasaron de ser rumores con los que se amedrentaba a los indecisos, justificaban la diaria actuación de la Guardia Civil que no solamente se limitaba a perseguir la delincuencia sino cualquier comportamiento que no estuviese bien visto por los terratenientes y sus lacayos.

La historia la escriben quienes disponen de voz y la leyenda se fue convirtiendo en realidad. El campo andaluz se transformó en modelo de anarquismo violento, atribuyendo todos los movimientos jornaleros a un activismo terrorista y desintegrador, que nunca existió.

Y el tiempo pasó... Cada vez que alguien osaba mencionar el maldito nombre que adoptaron aquellos fascinerosos en el interior de algún bar, todos callaban y miraban hacia el suelo temiendo la irrupción violenta de la Guardia Civil. Época de miedos y de sables.

Y el tiempo pasó...
Pero un día un tal José Luis Pantoja se interesó por este tema.

Pepe Pantoja, así era por todos conocido, nació el 26 de septiembre de 1923 en Sevilla, hijo de la bailaora María Pantoja. Como miembro de una saga flamenca (El Gloria, La Pompi, Juana y Fernanda Antúnez, La Macarrona, etc.) nació con la cultura en la sangre.

A edad muy temprana la familia se trasladó a Jerez, donde desarrolló su vocación de historiador. Aunque carecía de estudios universitarios, este autodidacta pasaba las horas revisando publicaciones de la biblioteca municipal e intentando crear una teoría escrita del flamenco.

Se convirtió en un personaje peculiar de la ciudad. Un viejecito que, cargado de sus libros aún más viejos que él, participaba en debates radiofónicos sobre distintos aspectos de la cultura y de la historia.

Su aportación ha sido mucha. Fue nombrado miembro de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos Andaluces. Cofundador y presidente de la asociación cultural Memoria Histórica Jerezana. Conferenciante. Articulista. Autor de diversos libros. Imprescindible colaborador en las mejores publicaciones sobre flamenco.

Pantoja era el amigo de todos, un hombre volcado en la historia de su tierra, en sus raíces. Querido por todos.

Pero la gran ilusión de su vida fue rehabilitar la memoria del campesinado andaluz, aclarar la mítica leyenda negra de aquel grupo de jornaleros asesinos llamados "La Mano Negra" que fueron ajusticiados a garrote vil en la plaza del Mercado de Jerez.

Dedicó veinte años de su vida a investigar aquellos hechos. Al principio los amigos intentaron desanimarle, pero Pantoja era un "testarudo" y buscó y rebuscó testimonios que le ayudaran a reescribir la historia.

NI siquiera existían los papeles del proceso, se suponía que se los habían comido los pollos de la Audiencia pues se apilaban los legajos en el patio interior. No había ninguna publicación seria sobre los hechos, tan sólo algunos artículos de la época donde se daba una imagen distorsionada y manipulada de los mismos.

Pero Pantoja no se rindió. Buscó a los descendientes de los encausados y reunió testimonios orales. Revisó toda la prensa de la época y la correspondencia de las embajadas. Investigó todo lo que halló en los palacios reales de Madrid y en los archivos de la Guardia Civil.

En su quehacer "enganchó" a su gran amigo Manuel Ramírez, que se le unió en la labor.

En el año 2000 publicaron sus conclusiones en el libro aquí comentado ("Memoria de una represión"). En él reúnen una colección de fotos de la época, de valor incalculable, algunas de las cuales he publicado en esta serie de opiniones. Pero, además de ese arduo trabajo, reúnen en este libro todo lo que actalmente se sabe sobre La Mano Negra, incluído un oficio de la Guardia Civil premiando a quienes participaron en los hechos. Pero nadie les creyó, no eran titulados universitarios y sus tesis se oponían a las verdades oficiales. Fue necesario que algunos titulados universitarios se agruparan en una asociación cultural para que fuesen tomados en serio.

Algunos descendientes de aquellos jornaleros han publicado, en ediciones de bolsillo, algunas facilitadas por organismos locales, su propia versión de los hechos. Son puntos de vista muy interesantes, aunque muy parciales, que sirven para enriquecer la visión general de Pantoja y Ramírez.

Su planteamiento básico es muy sencillo. Pretenden demostrar que aquellos jornaleros fueron acusados de un crimen falso (de hecho, Ramirez está investigando viejos archivos catalanes porque sospecha que El Blanco de Benaocaz no fue asesinado sino que emigró, como otros). Afirman que todo fue un montaje de los caciques para amendrentar al campo andaluz, que en aquellas fechas se había alzado en huelga general exigiendo una jornada máxima de 9 horas y un sueldo fijo.

El 3 de febrero de 2004 se presentaron públicamente las 1ª Jornadas Mundiales sobre La Mano Negra, a cargo de un asociación cultural coordinada por Jose. Decidió realizar la misma al aire libre, en la misma Plaza del Mercado donde se instaló el garrote vil.

Pero una mano negra se levantó contra los amantes de reescribir la historia, Pepe Pantoja murió el 31 de enero. A pesar de ello decidieron continuar su labor. Le nombraron Presidente Honorario, pusieron una silla vacía en el acto donde debía participar y dedicaron los actos de los días siguientes a su memoria.

El jueves se inauguró una exposición fotográfica, muy ampliadas, con las fotos de época. Y comenzaron los actos con una presentación de Clodoveo, 1º tte. alcalde y presidente del Kolectivo y de Juan, alcalde. Luego Manuel Ramírez, miembro dle Kolectivo, realizó una conferencia, con diapositivas, sobre "Memoria de una represión", acto en el que debía haber participado activamente Pepe Pantoja.

Abogados y profesores universitarios tomaron la palabra en días siguientes, junto con archiveros y líderes de sindicatos agrarios. El Kolectivo de Acción Andaluza "La Mano Negra" hizo pública su intención de plantear la reapertura del caso ante los numerosos errores judiciales cometidos, asumiendo el propio juez de la Audiencia, miembro del Kolectivo, esta fase de la recuperación de la memoria histórica. Con los legajos del proceso que han aparecido recientemente.


Es, pues, este libro ("Memoria de una represión") algo más que un ensayo literario. Es el resumen de una vida pugnando por rehabilitar la memoria del jornalero andaluz, vilipendiado como terrorista por intereses del cacique que residía en Madrid. Es un esfuerzo por superar la leyenda negra del campo andaluz, por enterrar el miedo y avanzar hacia un futuro construido desde la razón y el entendimiento y no desde el odio y las bayonetas.


Os invito a leerlo, hay mucho detrás de esta historia. Sabe a sangre, pero también a mañana.
Anotación por Nada Jon a las 10:54:06 | Comentarios (1)
Guardado en la categoría General | Referencias (0)

Diseñado por Vida-Blog basandose en el tema Proletarium Azul de Manu Contreras.
Iconos por Kevin Potts y sidebar basado en un diseño de Sebastian Schmieg.
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom. Esta bitácora se mantiene con Bitacorae.